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29
de Marzo de 2003 :: Diario El Mundo
Ballet de Carmen Roche. "Unos bailarines todo terreno" |
Julia Martín
MADRID.- Cuatro años y medio cuenta esta joven
compañía, impulsada por la gran maestra
de ballet Carmen Roche, cuyo empuje se ha demostrado en
muchas ocasiones, la primera al frente de la Escuela de
un recién nacido Ballet Lírico hoy convertido
en cenizas de la memoria; la ultima, recuperando al famoso
estudio de Antonio para levantar privadamente una Escuela
de Arte en lo que ya estaría sentenciado como supermercado
o tienda franquicia, impidiendo así un nuevo desastre
para la danza española.
En este tiempo han abordado pequeñas joyas del
repertorio antiguo que pocos saben bailar, pasos a dos
clásicos y piezas de coreógrafos actuales.
Ahora, de clásico solo propone el pas de deuz del
Pájaro Azul, con unos correctos aunque tímidos
intérpretes. Carmen Roche se ve obligada a abandonar
la utopía. Como empresa que prepara para el trabajo
profesional, seria un contrasentido no formar todo terrenos.
El ballet en este país no tiene cabida, por ello
las canteras de bailarines como esta deben arrinconar
las piezas clásicas, que saben hacer tan bien pero
les obligan a emigrar. Una pena.
El programa ultimo es tan revelador de la ruta profesional
de los bailarines como del crecimiento de jóvenes
creadores alrededor de esa ancha banda del estilo contemporáneo.
Fue variado, ameno y muy apropiado para la edad y la condición
de los interpretes, con lo que se pudo disfrutar, no solo
de sus condiciones técnica, también de la
espontaneidad y la ternura con que se entregaban a las
historias y sus lenguajes. Mats Ek, Duato, Kylian, incluso
Graham, asomaban de cuando en cuando. Las piernas altas
y certeras, los cambres, los giros limpios, las posiciones
abiertas Petipeta, también.
En Erase otra vez, con vestuario muy original, Raquel
Martínez mostró desenvoltura y buen dominio
del movimiento centrífugo y desarticulado. Luego
en Madame de ..., y con Jorge López, se harían
un exigente ejercicio de energía, sincronización
y velocidad, solo con mínimos retrasos y una limpieza
técnica grande.
El grupo de chicas encontró en Tres pasos de cereza
el momento individual de expresión, empleando a
fondo el salto y el giro clásico, dentro de un
juego de respiraciones con el piano de Arvo Part. Eternity
se estreno en Las Rozas hace un año y hoy se ve
mas fraguada, y entendida por Blanca Álvarez y
Joan Clevillé. De ese romanticismo ingenuo se salto
a una coreografía más teatral y de mayor
alcance de movimiento, que fue bailada con intensidad
y abrió la salva de merecidos aplausos.
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