
Es tarea uno diría que titánica poner
en pie un ballet de la envergadura del “Romeo
y Julieta” de Prokofiev. Y más ponerlo
en su integridad, sin que falte una sola nota, un solo
compás de la soberbia partitura del gran maestro
ruso.
La dificultad de la empresa no ha amedrentado
a Carmen Roche, que al frente de su compañía
ofrece el “Romeo y Julieta” de Prokofiev
en el Teatro Principal, en la coreografía de
Pascal Touzeau.
Una coreografía que parece no
perdonar, a su vez, una sola escena, ni la más
leve, de la tragedia de William Shakespeare.
La coreografía de Touzeau tiene
un carácter eminentemente narrativo, sin menospreciar
los privilegiados momento líricos. Por eso
mismo, es de una extraordinaria fluidez, y se sigue
como lo que es, la más bella historia de amor
jamás contada. Pero es también, esa
coreografía de Touzeau, de una gran complejidad.
Hay
que hacer vivir sobre el escenario a esa pléyade
de personajes, a Romeo y Julieta, a Mercucio, Benvolio
y Teobaldo, a Lady Capuleto y la Nodriza…. Y
hay que reflejar sus pasiones puntualmente, volverlos
casi de carne y hueso y hacer que el espectador se
identifique con ellos.
La tarea, insistamos, es ciclópea.
La Compañía de Carmen Roche la cumple
triunfalmente.
Hay que destacar, creo que en primer
lugar, la categoría excepcional de bailarines
y bailarinas. El “Romeo y Julieta” de
Prokofiev es, digámoslo así, un ballet
multitudinario: Carmen Roche sólo tiene doce
o trece artistas a sus órdenes, pero su ballet
no sólo sale adelante, sino que constituye
una versión hermosísima del título
memorable.
Bajo la magistral supervisión
de Carmen Roche, Raquel Martínez (“Julieta”),
Jon Vallejo (“Romeo”), Berta Secall (“Lady
Capuleto”), Joan Clevillé (“Teobaldo”),
Alberto Pineda (“Mercucio”), Miguel Angel
Plá (“Benvolio”), Alexia Pita-Barro
(“Nodriza”), Patricia Cabello (“Rosalinda”),
Carlos Martínez (“Paris”), Blanca
Álvarez y Cristina Ayllón (“Las
amigas del Príncipe” y “Comedia
del Arte”) viven y nos hacen vivir la tragedia
inmortal.
En la realización teatral, la
escenografía y el vestuario, la expresiva iluminación
y el vigor del sonido, rozan la perfección.
Hacía tiempo que los aficionados
zaragozanos no tenían ocasión de ver
un ballet de la enorme categoría artística
del que Carmen Roche presenta en el Principal.